La cirrosis no es una enfermedad en sí misma, sino el resultado final de años de daño hepático. Imagina tu hígado como una fábrica que, con el tiempo, se llena de escombros. Cada vez que se lesiona -por alcohol, hepatitis, obesidad o cualquier otra causa-, intenta repararse. Pero si el daño es constante, en lugar de sanar, empieza a formar tejido cicatricial. Este tejido no funciona. No filtra la sangre. No produce proteínas. No desintoxica. Y con el paso de los años, la fábrica se convierte en un edificio vacío, lleno de paredes rígidas y pasillos bloqueados.
¿Qué pasa dentro del hígado cuando hay cirrosis?
El hígado es uno de los órganos más resistentes del cuerpo. Puede regenerarse. Pero hay un límite. Cuando el daño persiste durante años, las células sanas mueren y son reemplazadas por tejido fibroso, como una cicatriz que se extiende. Este proceso se llama fibrosis. Cuando se vuelve generalizado, se llama cirrosis. Lo que antes era un tejido suave y elástico se vuelve duro, nódulo por nódulo, como una esponja seca y agrietada.
Esta cicatrización no solo destruye el tejido funcional, sino que también comprime los vasos sanguíneos. El más afectado es el vena porta, que lleva sangre desde el intestino al hígado. Cuando se obstruye, la presión aumenta. Esto se llama hipertensión portal. Y cuando la presión sube de 10 mmHg, empiezan los problemas graves: acumulación de líquido en el abdomen (ascitis), varices en el esófago que pueden romperse y causar hemorragias mortales, e incluso confusión mental por toxinas que el hígado ya no filtra.
Los análisis de sangre revelan el daño: bilirrubina alta (más de 2 mg/dL), albúmina baja (menos de 3.5 g/dL), tiempo de protrombina prolongado (INR >1.5) y plaquetas por debajo de 150,000/mm³. La ecografía elastográfica mide la rigidez del hígado. Si supera los 12.5 kPa, es casi seguro que hay cirrosis. La resonancia magnética elastografía, más precisa, llega hasta un 90% de exactitud en diagnóstico.
Compensada vs. descompensada: el punto de no retorno
No todas las cirrosis son iguales. Hay dos etapas clave. La cirrosis compensada es cuando el hígado aún funciona, aunque esté lleno de cicatrices. Muchas personas no tienen síntomas. Se enteran por un análisis de sangre rutinario o una ecografía. En esta fase, la vida puede seguir casi normal. Se puede controlar la causa -dejar el alcohol, tratar la hepatitis C, perder peso- y detener el avance.
Pero cuando el hígado ya no puede mantener las funciones básicas, entra en la fase descompensada. Aquí aparecen los signos claros: abdomen hinchado por líquido, orina oscura, ictericia (piel y ojos amarillos), vómitos con sangre, confusión, somnolencia, incluso coma hepático. La supervivencia cae de un 80-90% en 5 años (en la fase compensada) a solo 20-50% en la descompensada.
El sistema Child-Pugh clasifica la gravedad en A, B y C. Un paciente Child-Pugh A tiene un 100% de supervivencia a un año. Un Child-Pugh C, solo un 45%. El puntaje MELD (Modelo para Enfermedad Hepática Terminal) es aún más preciso. Va de 6 a 40. Un MELD superior a 15 significa un riesgo alto de muerte sin trasplante. Este puntaje es el que decide quién recibe un hígado nuevo en la lista de espera.
¿Por qué el trasplante es la única opción real?
Lo más importante que debes saber: no existe un medicamento que revierta la cirrosis. Ningún jarabe, pastilla o infusión puede deshacer las cicatrices. El daño es irreversible. Por eso, cuando la enfermedad avanza, el trasplante de hígado es la única manera de salvar la vida.
En Estados Unidos, la cirrosis es la causa principal de trasplantes hepáticos -alrededor del 40% de todos los trasplantes-. En 2022, se realizaron 8,780 trasplantes, pero había más de 14,300 personas en la lista de espera. Cada año, el 12% de quienes esperan mueren antes de recibir un órgano.
Las innovaciones están ayudando. La perfusión máquina a temperatura normal permite mantener los hígados donados más tiempo y usar órganos que antes se rechazaban. Esto ha aumentado la disponibilidad de trasplantes en un 22%. Pero aún así, la escasez persiste. Por eso, los médicos priorizan a quienes tienen el MELD más alto. No importa quién llegó primero. Importa quién está más cerca de morir.
Los pacientes que reciben un trasplante tienen una buena tasa de supervivencia: más del 80% vive al menos 5 años. Pero no es un final feliz. Requiere medicamentos de por vida para evitar el rechazo, controles constantes y una vida con muchos límites. Algunos pacientes dicen que la confusión mental (encefalopatía hepática) tarda hasta 6 meses en desaparecer, incluso después del trasplante.
¿Qué causa la cirrosis hoy en día?
Hace años, el alcohol era la causa principal. Hoy, ya no. En Estados Unidos, la enfermedad hepática grasa no alcohólica (NAFLD) ha superado al alcohol como la principal causa. Esto se relaciona directamente con la obesidad, la diabetes tipo 2 y los malos hábitos alimenticios. Hoy, el 24% de los casos de cirrosis en EE.UU. vienen de la NAFLD. En Europa del Este, las tasas de mortalidad por cirrosis son casi el triple que en Europa Occidental. La diferencia no es genética. Es acceso a cuidados, prevención y educación.
Otras causas importantes incluyen:
- Hepatitis B y C (la C es curable, pero muchas personas no lo saben hasta que es tarde)
- Enfermedades autoinmunes del hígado
- Acumulación de hierro (hemocromatosis) o cobre (enfermedad de Wilson)
- Obstrucción prolongada de los conductos biliares
Lo más preocupante: muchas personas no tienen síntomas hasta que el daño es severo. Un paciente en Healthgrades contó que descubrió su cirrosis por un análisis de sangre rutinario. No tenía dolor, no tenía vómitos, ni abdomen hinchado. Solo un resultado anormal. Y ya tenía cicatrices profundas.
¿Qué puedes hacer si tienes cirrosis?
Si te diagnostican cirrosis compensada, aún tienes tiempo. Aquí lo que realmente importa:
- Detén la causa: Si bebes alcohol, deja de hacerlo. Si tienes hepatitis C, trata la infección. Si tienes sobrepeso, pierde peso. Cada kilo extra cuenta.
- Controla el sodio: Menos de 2,000 mg al día. Evita alimentos procesados, sopas enlatadas, embutidos. Usa limón, hierbas, ajo en lugar de sal.
- Evita medicamentos innecesarios: El hígado ya está sobrecargado. Paracetamol en exceso puede ser mortal. Nunca tomes suplementos sin consultar a tu médico.
- Monitorea los síntomas: Si empiezas a sentir confusión, hinchazón repentina en el abdomen, vómitos con sangre o orina muy oscura, ve al hospital de inmediato.
- Conecta con un equipo especializado: Los centros con clínicas multidisciplinarias (hepatólogos, nutricionistas, psicólogos) reducen los episodios de descompensación hasta en un 40%.
La Asociación Americana del Hígado ofrece una línea de apoyo: 1-800-GO-LIVER. Pero muchos pacientes no saben que existe. En EE.UU., solo el 35% de los condados rurales tienen hepatólogos. Si vives lejos de una ciudad grande, pide una derivación a un centro universitario. Tu vida depende de recibir el cuidado correcto.
¿Qué hay en el futuro?
La ciencia no se detiene. Ya hay medicamentos aprobados para cirrosis por enfermedad biliar, como el obeticholic acid. En ensayos recientes, un fármaco llamado simtuzumab redujo la progresión de la fibrosis en un 30% en pacientes con cirrosis por NAFLD. Pero lo más prometedor son las terapias con células madre y hígados artificiales. En pruebas humanas, el trasplante de hepatocitos (células del hígado) logró reducir el puntaje MELD en un 40% en seis meses.
En los próximos años, los médicos podrán clasificar la cirrosis no por síntomas, sino por firmas moleculares: qué genes están activos, qué proteínas están dañadas. Esto permitirá tratamientos personalizados. Pero hasta que eso llegue, lo que funciona sigue siendo simple: detectar temprano, dejar el alcohol, tratar la hepatitis, perder peso y actuar antes de que sea demasiado tarde.
¿La cirrosis se puede curar?
No, la cirrosis avanzada no se puede curar. El tejido cicatricial no se deshace. Pero si se detecta temprano, en la fase compensada, y se trata la causa subyacente (como dejar el alcohol o curar la hepatitis C), se puede detener su progreso. En algunos casos raros, la fibrosis inicial puede revertirse, pero una vez que se convierte en cirrosis, el daño es permanente.
¿Cuánto tiempo vive una persona con cirrosis?
Depende de la etapa. En cirrosis compensada, el 80-90% vive al menos 5 años. En cirrosis descompensada, la supervivencia baja al 20-50% en 5 años. Sin trasplante, la esperanza de vida en etapa avanzada puede ser de solo 1-3 años. El puntaje MELD ayuda a predecir esto con más precisión. Un MELD de 20 o más significa un riesgo de muerte dentro de los próximos 3 meses.
¿Qué síntomas indican que la cirrosis está empeorando?
Los signos de alerta son: abdomen hinchado y doloroso (ascitis), orina oscura, piel y ojos amarillos (ictericia), confusión, somnolencia, dificultad para pensar, vómitos con sangre, sangrado nasal o por encías, y piernas hinchadas. Si aparece alguno, debes ir al hospital de inmediato. Estos son signos de descompensación y pueden ser mortales si no se tratan.
¿Es posible evitar el trasplante si tengo cirrosis?
Sí, si se detecta en etapa temprana y se controla la causa. Dejar el alcohol, perder peso, tratar la hepatitis C y seguir una dieta baja en sodio pueden detener el avance. Muchas personas con cirrosis compensada nunca necesitan trasplante. El problema es que muchos no saben que tienen cirrosis hasta que ya es tarde. Por eso, los análisis de sangre y ecografías regulares son clave, especialmente si tienes factores de riesgo.
¿Qué tan común es la cirrosis?
Afecta entre el 0.15% y el 1% de la población mundial. En Estados Unidos, se estima que más de 4.5 millones de personas tienen cirrosis. La mayoría no lo sabe. La enfermedad hepática grasa no alcohólica (NAFLD) es la causa creciente más importante, especialmente en personas con obesidad o diabetes. Es una epidemia silenciosa.
Santiago Ríos
Gracias por este contenido tan claro. Me ayudó a entender por qué mi tío, que dejó de beber hace dos años, aún tiene que hacer controles cada tres meses. Pensaba que al dejar el alcohol ya estaba curado, pero ahora sé que el daño persiste.
Es importante que más gente entienda esto.