Medicamentos múltiples: Cómo gestionar la polifarmacia con seguridad para reducir interacciones

Si tomas cinco o más medicamentos al día, no estás solo. En España, más del 30% de las personas mayores de 65 años están en esta situación. Pero lo que muchos no saben es que cada medicamento adicional aumenta el riesgo de efectos secundarios peligrosos, caídas, confusión mental o incluso hospitalizaciones. La polifarmacia no es solo tomar muchos fármacos: es tomar medicamentos que ya no necesitas, que se contradicen entre sí o que tu cuerpo ya no puede manejar. Y lo más preocupante es que muchas veces, nadie se detiene a revisar si todos siguen siendo necesarios.

¿Qué es realmente la polifarmacia?

La polifarmacia se define técnicamente como el uso simultáneo de cinco o más medicamentos. Pero no todos los casos son iguales. Hay dos tipos: el apropiado y el inapropiado. El apropiado es cuando cada medicamento tiene una razón clara, funciona como debe y tu calidad de vida mejora. El inapropiado es cuando tomas un fármaco porque alguien lo recetó hace años y nadie lo revisó, o porque un efecto secundario de un medicamento te llevó a tomar otro para contrarrestarlo -un ciclo que se llama caída prescriptiva.

Imagina esto: te recetan un diurético para la presión alta. Te dan mareos. Entonces te recetan un medicamento para el mareo. Ese nuevo medicamento te hace más sediento, así que tomas más agua y tu riñón trabaja más. Ahora necesitas un medicamento para proteger tus riñones. Cada paso lógico en sí mismo, pero juntos, crean un problema mayor. Eso es polifarmacia inapropiada.

¿Por qué ocurre esto?

No es culpa de los pacientes. Es un sistema fragmentado. Cada médico que ves -el cardiólogo, el reumatólogo, el neurólogo- se enfoca en su área. Nadie ve el cuadro completo. Además, muchos toman suplementos, hierbas o medicamentos de farmacia sin decirlo. Un jarabe para la tos, un analgésico de venta libre, una cápsula de omega-3… todos pueden interactuar. Según la OMS, más del 40% de las interacciones peligrosas ocurren entre medicamentos recetados y productos de farmacia.

Y luego está el olvido. Una pastilla para el colesterol que ya no sirve porque tu nivel está controlado. Un antibiótico que seguiste tomando por miedo a que volviera la infección. Un medicamento para el insomnio que usaste durante dos semanas y ahora llevas cinco años. Estos no son errores de paciente: son fallos del sistema.

¿Cuáles son los riesgos reales?

Las consecuencias no son teóricas. Estudios del NCBI muestran que personas con polifarmacia inapropiada tienen hasta un 70% más probabilidades de caerse. El riesgo de confusión mental se duplica. El hígado y los riñones, que ya trabajan más con la edad, se sobrecargan. Y las interacciones pueden ser silenciosas: un medicamento para la presión que reduce el potasio, y otro que lo bloquea aún más, llevando a latidos irregulares sin síntomas hasta que es demasiado tarde.

En el hospital de Alicante, el 28% de las admisiones en adultos mayores están relacionadas directamente con reacciones adversas a medicamentos. Muchas veces, el problema no es el medicamento en sí, sino que se suma a otros sin revisión.

¿Cómo se gestiona con seguridad?

La clave no es quitar medicamentos por quitarlos. Es revisar con propósito. La Organización Mundial de la Salud propone un método de cinco pasos:

  1. Evaluar cada medicamento: ¿Para qué lo tomas? ¿Funciona? ¿Tiene efectos secundarios que pesan más que los beneficios?
  2. Hacer una revisión completa: Llevar todos los medicamentos, suplementos y hierbas a tu médico. No confíes en tu memoria ni en la lista del farmacéutico.
  3. Eliminar lo innecesario: Si un medicamento no tiene una indicación clara, o ya no sirve, se debe dejar de tomar. Pero no de golpe. Algunos, como los ansiolíticos o los antidepresivos, requieren reducción gradual para evitar síndromes de abstinencia.
  4. Usar la menor cantidad posible: ¿Puedes combinar dos pastillas en una sola? ¿Hay una alternativa con menos efectos secundarios?
  5. Revisar en cada cambio: Cada vez que salgas del hospital, cambies de médico o te receten algo nuevo, se debe volver a revisar tu lista completa.
Un paciente mayor con cuerpo de rompecabezas, mientras varios médicos le dan recetas sin ver el cuadro completo.

La deprescripción: dejar de tomar con seguridad

Deprescripción no es un término técnico para asustar. Es simplemente dejar de tomar un medicamento cuando deja de ser útil. Muchos pacientes piensan que si un médico lo recetó, debe tomarse para siempre. No es cierto. Un estudio de la AAFP encontró que el 30% de los medicamentos que se prescriben en mayores de 70 años podrían dejarse de tomar sin riesgo.

Por ejemplo: un medicamento para prevenir úlceras estomacales que se recetó por un antibiótico que ya no tomas. O un medicamento para la presión que ya no se necesita porque el paciente ha cambiado su dieta y ha perdido peso. O un analgésico que se usaba para el dolor de rodilla, pero ahora se hace fisioterapia y el dolor bajó.

Lo importante: no lo hagas por tu cuenta. Si dejas de tomar un medicamento sin supervisión, puedes sufrir rebotes peligrosos: presión alta repentina, insomnio severo, convulsiones. La deprescripción debe ser planificada, lenta y con seguimiento.

Lo que tú puedes hacer

Tu participación es clave. Aquí hay acciones concretas que puedes empezar hoy:

  • Crea tu lista maestra: Anota todos los medicamentos: nombre, dosis, frecuencia, para qué sirve y quién te lo recetó. Incluye suplementos, hierbas, cremas y jarabes. Usa una hoja de papel o una app sencilla. Llévala a cada cita.
  • Usa una sola farmacia: Así, el farmacéutico puede ver todos tus medicamentos y detectar interacciones que otros no ven.
  • Asocia los medicamentos a rutinas: Toma las pastillas después de cepillarte los dientes o con el desayuno. Esto reduce los olvidos.
  • Di cualquier síntoma nuevo: Mareos, confusión, cansancio extremo, pérdida de apetito… no lo atribuyas a la edad. Pregúntate: ¿empezó después de cambiar un medicamento?
  • Pide revisión cada seis meses: No esperes a que algo pase mal. Pregunta: "¿Sigo necesitando todos estos medicamentos?"

El equipo que te cuida

Manejar la polifarmacia no es tarea de un solo médico. Es un trabajo en equipo. El farmacéutico revisa interacciones. La enfermera controla adherencia. El geriatra evalúa funciones corporales. El cuidador principal (a veces un hijo o pareja) observa cambios diarios. Todos deben comunicarse.

En centros de salud bien organizados, se hace una "reconciliación de medicamentos" al cambiar de servicio: al salir del hospital, al ir a un centro de día, al cambiar de médico. Se compara lo que tomabas antes con lo que te recetan ahora. Se corrigen errores. Se eliminan duplicados. Es un proceso que salva vidas.

Una mujer mayor sostiene una sola pastilla mientras cinco medicamentos innecesarios se convierten en mariposas.

Lo que no funciona

No basta con decir "tengo muchos medicamentos". No sirve solo tener una lista. No es útil quitar medicamentos sin plan. Y no sirve ignorar los suplementos. Muchos piensan que "lo natural" no interactúa. Falso. La hierba de San Juan puede anular los efectos de un anticoagulante. El ajo puede aumentar el riesgo de sangrado. El calcio puede impedir que se absorba un antibiótico.

Tampoco sirve esperar a que el médico lo note. Si no lo mencionas, no lo revisan. La mayoría de los médicos tienen 10-15 minutos por consulta. No van a adivinar que llevas tres meses tomando un medicamento de farmacia para el dolor de espalda.

¿Qué herramientas existen?

En España, se usa la Criterios de Beers, una lista actualizada de medicamentos que deben evitarse en mayores de 65 años por su alto riesgo. También existen herramientas digitales que los farmacéuticos usan para detectar interacciones en tiempo real. Pero lo más poderoso es algo simple: una conversación honesta entre tú y tu equipo de salud.

Una paciente de 78 años en Murcia dejó de tomar cinco medicamentos en seis meses. Solo porque preguntó: "¿Por qué sigo tomando esto?". El resultado: menos mareos, mejor sueño, y una reducción del 40% en sus gastos farmacéuticos. No fue magia. Fue una revisión bien hecha.

Conclusión: menos medicamentos, más salud

Tomar menos medicamentos no es un objetivo en sí mismo. El objetivo es tomar solo lo que te ayuda. La polifarmacia no es inevitable. Es un problema del sistema, y puede corregirse. Cada medicamento que dejas de tomar sin riesgo es una puerta abierta a más movilidad, más claridad mental y más autonomía.

No necesitas correr riesgos innecesarios. No necesitas vivir con efectos secundarios que podrían evitarse. Solo necesitas preguntar, revisar y actuar con tu equipo médico. Porque tu salud no se mide por el número de pastillas que tomas, sino por cómo te sientes al levantarte cada mañana.

¿Cuántos medicamentos son demasiados?

No hay un número mágico, pero tomar cinco o más medicamentos al día aumenta significativamente el riesgo de interacciones y efectos secundarios. La clave no es el número, sino si cada medicamento sigue siendo necesario, seguro y efectivo. Si tienes cinco o más, es hora de pedir una revisión completa.

¿Puedo dejar de tomar un medicamento por mi cuenta?

Nunca. Algunos medicamentos, como los antidepresivos, los corticoides o los betabloqueadores, pueden causar síntomas graves si se dejan de tomar de golpe. Incluso los suplementos pueden tener efectos de rebote. Si quieres dejar un medicamento, habla primero con tu médico o farmacéutico. Ellos te guiarán con un plan seguro.

¿Los suplementos y hierbas también cuentan?

Sí, y mucho. Las hierbas, vitaminas, minerales y productos naturales pueden interactuar con medicamentos recetados. Por ejemplo, la hierba de San Juan reduce la efectividad de anticoagulantes. El calcio puede impedir la absorción de antibióticos. Incluye todos en tu lista de medicamentos, aunque los consideres "inofensivos".

¿Qué debo llevar a mi cita médica?

Lleva todos los medicamentos que tomas: pastillas, jarabes, parches, cremas, suplementos y hierbas. Mejor aún, lleva la lista actualizada con nombres, dosis, frecuencia y motivo. Si no tienes lista, lleva las cajas. El médico o farmacéutico puede revisarlas y detectar duplicados, errores o riesgos que no ves.

¿Cómo sé si un medicamento ya no me sirve?

Pregúntate: ¿Sigo teniendo la enfermedad para la que me lo dieron? ¿Me siento mejor desde que lo empecé? ¿Tengo efectos secundarios que me molestan? ¿Lo tomo porque me lo recetaron hace años y nadie lo revisó? Si respondes "sí" a alguna de estas, es momento de hablar con tu equipo de salud. No necesitas justificarlo. Solo preguntar es suficiente.