En 2021 y 2022, muchos hospitales en España tuvieron que retrasar cirugías no urgentes. No fue por falta de médicos, sino porque no había suficientes tubos de anestesia, bolsas de suero o componentes para ventiladores. Eso no fue un error puntual. Fue el resultado de una combinación de presión de precios y escasez que sacudió toda la cadena de suministro sanitario. Y aunque los medios hablan mucho de la inflación en la comida o la gasolina, pocos se detienen a ver cómo estas presiones afectan directamente tu salud.
¿Qué pasa cuando los medicamentos se vuelven raros y caros?
En 2022, el precio de la insulina en Estados Unidos subió más del 30% en solo dos años. En Europa, la situación no fue tan extrema, pero sí suficientemente grave como para que farmacias de Alicante, Barcelona o Madrid empezaran a limitar las cantidades por paciente. ¿Por qué? Porque los laboratorios que producen estos fármacos dependen de insumos químicos que vienen de la India y China. Cuando los puertos chinos se cerraron por el COVID, y la energía en la India se volvió inaccesible por la crisis del carbón, la producción se ralentizó. Pero la demanda no bajó. Los diabéticos siguen necesitando insulina. Así que, cuando la oferta se contrae y la demanda se mantiene, los precios suben. Y si los precios suben demasiado, algunos proveedores dejan de vender, porque no pueden cubrir costos. Eso genera escasez.
El Banco Central Europeo estimó que, en el pico de la crisis, las interrupciones en las cadenas de suministro aumentaron la inflación en el sector salud en un 0,7% en la zona euro. Eso puede parecer poco, pero si una persona necesita cinco medicamentos al mes, y cada uno sube un 10-15%, eso suma más de 100 euros al año extra. Para quien vive de una pensión o un salario mínimo, eso significa elegir entre comprar medicinas o pagar la luz.
Escasez no es solo falta de producto: es falta de flexibilidad
No basta con decir que "no hay suficiente". El problema real es que el sistema sanitario no puede adaptarse rápido. Imagina que un hospital usa un tipo específico de catéter fabricado por una sola empresa en Alemania. Si esa empresa tiene un problema en su planta, no hay alternativa inmediata. No puedes cambiar de marca en una cirugía de emergencia. Por eso, en 2021, el 76% de los proveedores de equipos médicos en Europa reportaron retrasos en la entrega de suministros críticos.
La falta de flexibilidad también está en la mano de obra. En 2022, España tenía 15% menos enfermeras en unidades de cuidados intensivos que antes de la pandemia. No porque se hayan ido, sino porque muchas se quedaron fuera del sistema por agotamiento. Y no se pueden contratar de la noche a la mañana. Se necesitan años de formación. Eso crea una escasez estructural: no hay suficientes personas capacitadas para hacer el trabajo, y los salarios no suben lo suficiente para atraer a más. En muchos hospitales, las enfermeras trabajan 60 horas a la semana. ¿Quién quiere entrar a un trabajo así sin un aumento decente? Nadie.
Las políticas públicas pueden empeorar las cosas
En 2021, el gobierno español congeló el precio de algunos medicamentos esenciales para proteger a los pacientes. Suena bien, ¿no? Pero lo que pasó fue que los laboratorios, al no poder subir los precios, dejaron de producir esos medicamentos. O los redujeron a lotes mínimos. El resultado: más escasez. Lo mismo pasó con la energía: cuando se impusieron topes a los precios de la electricidad para hospitales, algunos proveedores dejaron de ofrecer servicios. En 2022, tres clínicas privadas en Andalucía tuvieron que cerrar temporalmente porque no podían pagar las facturas de energía, aunque el gobierno les ayudaba con el precio del medicamento.
Esto no es teoría. Es lo que documentó la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido: los controles de precios, aunque bien intencionados, generan escasez inmediata. Porque el mercado no puede ajustarse. El precio no solo cubre costos: también señala escasez. Cuando lo silencias, la gente sigue comprando como si todo estuviera normal. Y los almacenes se vacían.
Los efectos en la salud real
Detrás de cada número hay una persona. En 2022, un estudio del Instituto de Salud Pública de Valencia encontró que el 22% de los pacientes con hipertensión no podían comprar sus medicamentos a tiempo. El 18% retrasó controles médicos por miedo a los costos. Y eso tiene consecuencias: más infartos, más accidentes cerebrovasculares, más hospitalizaciones.
Los hospitales públicos empezaron a priorizar casos por gravedad. Una persona con dolor de espalda crónico podía esperar 11 meses para una resonancia. Una con un tumor, 6 semanas. Eso no es una decisión médica: es una decisión económica. Cuando no hay suficientes recursos, se racionan. Y los más vulnerables son los que más sufren.
La Organización Mundial de la Salud alertó en 2023 que las interrupciones en las cadenas de suministro sanitario habían aumentado la mortalidad evitable en países de ingresos medios en un 4,3% entre 2020 y 2022. En España, no se publicó un dato oficial, pero las asociaciones de pacientes reportaron un aumento del 12% en las quejas por retrasos en tratamientos oncológicos.
¿Qué se está haciendo para arreglarlo?
Algunas soluciones están funcionando. En 2023, el Ministerio de Sanidad empezó a invertir en una red de producción nacional de insumos médicos básicos. No para reemplazar todo, sino para tener un respaldo. Por ejemplo, ahora hay tres fábricas en Castilla-La Mancha que producen jeringas y tubos de suero. No son grandes, pero evitan que una sola interrupción en China nos deje sin suministros.
También se están diversificando las fuentes. Antes, el 80% de los medicamentos genéricos venían de la India. Hoy, el 55%. El resto viene de Corea del Sur, México y Polonia. Eso reduce el riesgo. Y muchas farmacias ahora usan software que les avisa cuando un medicamento está por agotarse, en lugar de esperar a que se acabe.
En el sector privado, las clínicas que contratan a proveedores de más de tres países tienen 35% menos interrupciones. Es un gasto extra, pero más barato que cerrar una unidad por falta de insumos.
El futuro no es volver a la normalidad: es prepararse para lo inesperado
La buena noticia es que la presión de precios y las escaseces han bajado desde 2023. El Índice Global de Presión en las Cadenas de Suministro, que mide estas tensiones, volvió a niveles pre-pandémicos en 2023. Pero eso no significa que estemos a salvo.
El Fondo Monetario Internacional advierte que, hasta 2025, las perturbaciones en las cadenas de suministro seguirán siendo un 15-20% más altas que antes de 2020. Por qué? Porque la guerra en Ucrania, las tensiones entre EE.UU. y China, y los desastres climáticos están cambiando la geografía de la producción. Las empresas ya no confían en una sola fábrica. Quieren tener varias, en distintos continentes. Eso es bueno. Pero también es más caro.
Y eso se traduce en precios más altos. No por mala voluntad, sino por necesidad. Si quieres que tu medicamento esté disponible en cualquier crisis, tienes que pagar por la redundancia. Por el exceso. Por la seguridad.
La salud no es un lujo. Es un derecho. Pero un derecho que depende de una economía que funcione. Si los medicamentos se vuelven demasiado caros o imposibles de conseguir, ese derecho se desmorona. Y no es una cuestión de política: es una cuestión de supervivencia.
¿Qué puedes hacer tú?
No puedes controlar los puertos ni los precios internacionales. Pero sí puedes prepararte.
- Si tomas medicamentos crónicos, pide siempre un suplemento de 30 días extra. No lo guardes como reserva: úsalo, y luego reemplázalo.
- Pregunta si hay genéricos equivalentes. Muchos son tan efectivos y cuestan hasta un 70% menos.
- Conoce tu farmacia local. Si ven que un medicamento se agota, ellos pueden alertarte antes de que lo haga el sistema.
- Apoya a las iniciativas de producción local. Si hay una farmacia que usa insumos españoles, elige esa. No es solo un gesto: es una forma de fortalecer la red.
La próxima crisis no será como la pandemia. Será más silenciosa. Una interrupción en un cable de fibra óptica que corta la comunicación entre laboratorios y hospitales. Un corte de energía en una planta de producción de oxígeno médico. Una huelga en un puerto clave. No la verás venir. Pero si el sistema es más flexible, si hay redundancia, si la gente está preparada, no te dejará sin tratamiento.
¿Por qué suben tanto los precios de los medicamentos si no se fabrican más caros?
Los costos de producción no siempre suben, pero los costos de logística sí. Cuando hay escasez de contenedores, retrasos en puertos o falta de camioneros, el transporte se vuelve más caro. Eso se suma al precio final. Además, si un medicamento es esencial y no tiene alternativas, los laboratorios pueden aumentar el precio porque saben que no hay otra opción. La demanda es rígida: necesitas el medicamento, no puedes esperar.
¿Es cierto que los controles de precios generan más escasez?
Sí. Cuando el gobierno fija un precio máximo por debajo del costo de producción, los fabricantes pierden dinero. Algunos reducen la producción, otros dejan de vender en ese mercado, y otros simplemente desaparecen. En 2021, en el Reino Unido, 27 proveedores de energía se quebraron porque el precio máximo que podían cobrar era menor que lo que les costaba comprar gas. Lo mismo pasó con medicamentos: cuando el precio se congeló, hubo menos inventario, no más.
¿Qué pasa con los medicamentos que no están en la lista de precios controlados?
Esos son los más vulnerables. Si no están regulados, los laboratorios pueden subirlos sin límite. En 2022, algunos fármacos para enfermedades raras subieron más del 200% en dos años. No hay ley que los limite. Y como solo unos pocos pacientes los necesitan, no hay presión política para actuar. Eso crea una brecha: los medicamentos de masas están controlados, pero los de nicho están expuestos al mercado libre, y muchos pacientes no pueden pagarlos.
¿Las farmacias pueden hacer algo para evitar las escaseces?
Sí. Las que usan sistemas digitales de predicción de inventario reducen las roturas de stock hasta en un 28%. También pueden negociar con múltiples proveedores, no solo con uno. Y algunas ya están almacenando reservas estratégicas de medicamentos críticos, como antibióticos o anestésicos. No es común, pero sí crece. Si tu farmacia no lo hace, pregúntales por qué.
¿Cuánto tiempo durará esta inestabilidad en los suministros médicos?
No desaparecerá del todo. Las cadenas de suministro globales ya no son como antes. Ahora están fragmentadas por tensiones geopolíticas, riesgos climáticos y la necesidad de resiliencia. Lo que sí puede mejorar es la capacidad de respuesta. Si los hospitales, farmacias y gobiernos invierten en diversificación, almacenamiento y tecnología, las escaseces serán menos frecuentes y menos graves. Pero nunca volveremos al mundo de "todo está disponible y es barato". Ese mundo se acabó.